EL MANTO AZUL DE LA VIDA PERMANENTE.

 

            Cruz María Salmerón Acosta, poeta y cantautor, nace el 03 de Enero de 1892 en Manicuare donde transcurre su infancia, siempre a la orilla del agua o mar adentro, entre botes, peces y atarrayas, porque Cruz María fue eso, un adolescente sembrado en el mar y un hombre a quien el mar le naufragó en la sangre.

 

            Desde muy temprana edad, Cruz María se adueña del  cariño de todo un pueblo que lo supo comprender en los juegos de trucos, en las peleas de gallos, en las parrandas decembrinas, amante de la poesía y diversiones.

 

            Los primeros estudios los realiza en Manicuare, en casa de doña Corlota y Petra González, más tarde pasa a la escuela de Pedro Luís Cedeño, ubicada en Toporo, barrio de Cumaná llamado hoy en día Calle Cantaura,Calle Cedeño. La secundaria la cursó en el Liceo Federal, también en Cumaná,  actual liceo Antonio José de Sucre. En el año 1910, con 18 años de edad, obtiene el título de Bachiller siendo enviado a la Universidad Central de Venezuela a estudiar la carrera de Derecho. En el año 1911 escribe su primer poema “Cielo y Mar”, y se lo dedica a su inseparable amigo, José Antonio Ramos Sucre, que dice así:

 

 

Cielo Mar

En este panorama que diseño

para tormento de mis horas malas,

el cielo dice de ilusión y galas,

el mar discurre de esperanza y sueño.

 

La  libélula errante de mi ensueño

abre la transparencia de sus alas,

con el beso de miel que me regalas

a la caricia de tu amor risueño.

 

Al extinguirse el último celaje,

copio en mi alma el alma del paisaje

azul de ensueño y verde de añoranza;

 

Y pienso con oscuro pesimismo,

que mi ilusión está sobre un abismo

y cerca de otro abismo mi esperanza.

 

           Estudiando el segundo año de leyes comienza a sentir dolencia en los brazos, dolores constantes y fuertes; se le duerme una mano y acude al médico Felipe Guevara Rojas, quien para la época era el rector de la Universidad, lo examina detenidamente y procede a analizar su sangre. El diagnóstico es fatal, crudo y doloroso, el poeta había contraído la lepra, mal considerado como la enfermedad bíblica, castigo de los dioses. Ser leproso en aquellos tiempos, era exponerse al más absoluto desprecio por temor al contagio. El médico emite un doloroso consejo al desconcertado estudiante. “Regresa a tu tierra rápido y aíslate, antes que las autoridades sanitarias te condenen al degrado”.

 

            A principios de 1913, el atormentado poeta emprende su viaje a la soledad más espantosa, hacia el aislamiento, hacia la renuncia de todo lo que ama. Atrás quedan sus fraternos amigos, su Cordera del alma, Conchita Bruzual Serra, su novia cumanesa. Todo vuela hecho jirones en el aire, sus ambiciones y sus sueños juveniles, sepultados así de golpe. Apenas 21 años, la fatalidad le reserva nuevos tormentos y tristezas, al día siguiente de su llegada a Manicuare muere su hermana Encarnación y, meses después es asesinado su hermano Antoñico por el jefe civil; el crimen es vengado por el pueblo y a muchos se les enjuicia y persigue, entre ellos el poeta, quien conocería entonces, durante un año, el oprobio de la cárcel gomecista.

 

            Cruz María logra, pese al sufrimiento de las carnes torturadas y a su brutal aislamiento, amoldarse a su dolorosa situación. Afrontar la realidad con franciscana resignación, a no desesperarse y a realizar, al mismo tiempo, el milagro de aceptar que Dios había convertido su alma en una fuente de amargura.

 

            Durante el mes de julio del año 1929, mientras agoniza el poeta, un poeta a quien el amor y la cercanía del amor le habían sido negado, porque ya no tenía otra visión sino del azul de los ojos de la amada, confundido con el azul  de su cielo y de su mar, Manicuare vive una gran sequía, cien mil espejos de sol castigan casa, calles, árboles, y pájaros;  la sequía prolonga el calor casi asfixiante, hombres y mujeres injurian y reniegan en su desesperación, acosados por la falta de agua. Todo era imprecisión y blasfemia porque el cielo les negaba la lluvia, pero el poeta, ya en dolorosa agonía, pisando las puertas de la santidad, les apaciguó la sed y les hizo pensar nuevamente en la esperanza. Dijo el poeta: “No se vayan nunca de este pueblo, no blasfemen, no renieguen de Dios, mañana cuando llegue al cielo le voy a mandar bastante agua”.

 

            Y el día 29 de julio del año 1929, el poeta se confundió con el azul que tantas veces cantara. Y llovió en Manicuare, sobre la tierra agradecida, un diluvio bíblico que aún hoy permanece en la mirada de los ancianos y en la sonrisa de los niños, preservan vivo la memoria del poeta.

 

 

Azul

 

Azul de aquella cumbre tan lejana

hacia la cual mi pensamiento vuela,

bajo la paz azul de la mañana,

¡ color que tantas cosas me revela!

 

Azul que del azul del cielo emana,

y azul de este gran mar que me consuela,

mientras diviso en él la ilusión vana

de la visión del ala de una vela.

Azul de los paisajes abrileños,

triste azul de mis líricos ensueños,

que me calman los íntimos hastíos.

 

Sólo me angustias cuando sufro antojo

de besar el azul de aquellos ojos

que nunca más contemplarán los míos.

 

ELLOS HABLAN…

GERÓNIMO MAGO: “...Tenía material para ser presidente...”

            En el verbo de este cultor popular, galeronista, aguinaldero y cantor de polos, malagueñas; la imagen de Cruz María Salmerón posee las reminiscencias de la lealtad, respeto y miticidad. Asume esta  relación de gran importancia para la proyección del mismo pueblo. En esta  investigación participante el habla de Gerónimo choca con la realidad actual cuando a manera de reflexión señala  “a Cruz María el pueblo no lo quiere como antes la gente no sabe que sin poeta, Manicuare ni se nombrara”. Asimismo recuerda al Manicuare de antes como un pueblo tranquilo, muy distante del que es ahora. La gente aquí e persistente, recuerdo igualmente lo que nos transmitieron nuestros padres cuando el pueblo estaba diezmado por la sequía y ésta alentaba la emigración a otros pueblos, que la lluvia llegará”. Pero la imagen mítica que quedó sembrada en la memoria colectiva fue la relación entre la llegada de la lluvia y la muerte del poeta. La lluvia regó para siempre con su temporal, esta tierra de poesía y sentimiento.

 

 

DOLORES BELTRANA CORONADO DE PATIÑO: “... Jugábamos a sus pies y nos leía sus poemas...”

            En los recuerdos de la infancia de Dolores Beltrana a las 9 años de edad, la presencia de Cruz María se hizo eterna, hoy a sus 89 años, nos relata con suma claridad el contexto de su vivencia cercana con el poeta del azul, junto a otras niñas, Beltrana Mago y Carmen Mercedes, nos dice “el jugaba con nosotras a las cartas y a las piedritas. Escuchaba música con unos discos que colocaba en su victoria y luego se sentaba en la orilla de la cama a escribir o estar pendiente de lo que hacíamos, hablaba y reíamos, jugaba con nosotras. “Él se sentaba en la cama que estaba frente a la puerta, viendo hacia al mar, de allí veía todo”. Con este relato, Dolores Beltrana va amarrando el hilo de su vida, que en consecuencia es la vida compartida con el poeta Salmerón, depositada en su memoria y expresada en la oralidad. “Les cuento que yo soy prima de Cruz María, mi papá  era sobrino de Antonio Salmerón; padre de Cruz María, y él nunca se apartó de mi mente, crecí con una admiración, con una devoción; y él se convirtió en santo para mí. Yo le rezo todas las noches, le pido, le tengo mucha fe”. Sus palabras proféticas se convirtieron en un icono popular cuando trajo la lluvia y el mito sigue latente en la memoria colectiva. “Él murió y yo seguí  yiendo a la casa de Guarataro; mi papá me decía ¿Vas para Guarataro? ¡Vengan  temprano, que no hay luna llena y hay oscurana!”.

 

 

AMANDA MATA: “La gente iba él con sus comparsas y diversiones, cantaban galerones, y él también participaba”

            Amanda Mata de 87 años, se azora por contarnos sus historias como cuando tenemos mucho que decir y queremos hacerlo todo a la vez. Le notamos su alegría en el rostro el hecho de hablar de Salmerón. “Yo le he escrito algunos poemas”; Cruz María era un líder, cualquier cosa que pasase en el pueblo la gente lo buscaba para consultarle, siempre estaba dispuesto. Me gustaba mucho ir a Guarataro, allí se hacían muchas fiestas y actos culturales. La gente iba hasta él con sus comparsas y diversiones, cantaban galerones y él cantaba con el resto de la gente.

 

            Hoy, también nos pesan las discontinuidades, cuando se estremece la memoria colectiva, cuando el olvido se siente en las nuevas generaciones. Hemos percibido por un lado, que aún en muchos pobladores de más de 30 años persisten ciertas manifestaciones de reconocimiento y tributo al poeta Salmerón, pero para los niños actuales no es su paradigma, poco lo conocen, por tanto, resquebrajar valores comunitarios es parte de la dinámica que vienen experimentando los pueblos de hace muchos años. A la pregunta formulada con referencia a la vigencia de Salmerón como creador, santo, como hombre de bien, la respuesta fue contundente, ¡DEBE SER SEMBRADO EN LAS NUEVAS GENERACIONES! Aún todo está intacto, la soledad, la sequía, el silencio, el mar y los azules, faltan los nuevos poetas del pueblo. (Reconociéndonos en Nuestros Saberes y Haceres. 2007: 14-21).